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Al iniciar nuestra primera menstruación, tal vez no somos conscientes que miles de niñas alrededor del mundo están atravesando por lo mismo, pero quizás en condiciones muy diferentes a las nuestras, para muchas de nosotras, los problemas pueden ser la vergüenza para hablar del tema, una mancha en el pantalón o seguramente un cólico. No vemos que somos muy afortunadas de tener al alcance productos para la higiene, educación en el tema (tal vez no la suficiente) pero algo sabemos de la menstruación, y la mayoría de nosotras contamos con el apoyo de nuestras familias para pasar por esta situación nueva y que nos acompañará muchísimo tiempo. 

Pero qué tal si le damos un vistazo a lo que se vive en la misma situación, pero en otros países, o incluso en el nuestro, pero vivido de una manera completamente diferente, ¡si! niñas como tú y como yo, con la misma menstruación, pero en condiciones diferentes, casi siempre rodeadas por muchísimos mitos…  por ejemplo:

En Colombia:

Los indígenas Wayúu: cuentan 12 lunas, 365 soles y una lluvia en los que las niñas deben permanecer aisladas para encontrarse con la vida adulta, aprender los quehaceres de la casa y una labor muy importante para la mujer Wayúu: tejer. Las niñas se separan de los demás miembros de la familia en un cuarto dividido por una cortina en donde se cuelga un chinchorro o hamaca y permanecen completamente inmóviles. Durante los días de la menstruación son bajadas del chinchorro sólo para ser bañadas por su madre o abuela con infusiones de plantas indígenas, para sacar las impurezas y los malos pensamientos.

Al finalizar “el encierro” como se le llaman a este ritual, la niña es presentada ante los demás miembros de la sociedad como una señorita omajayut. Se realiza una gran fiesta en su honor, como símbolo del comienzo de su nueva vida como adulta.

En Afganistán:

Existe un mito en el país, de que lavarse los genitales durante los días en que la mujer está menstruando provoca esterilidad. Esto puede generar infecciones y problemas en la salud de las mujeres. El programa Wash de UNICEF trabaja para tratar estos mitos en el país afgano.

En Kenia e India:

En estos países como en muchos del tercer mundo, el acceso a productos sanitarios es casi imposible para las mujeres, debido a su alto costo. Por ello, las mujeres utilizan los productos que tienen a su alcance para contener los sangrados: hojas de árbol, papel de periódico, relleno de cojines, telas, o muchas veces lo primero que encuentran a su paso, adicionalmente que es tabú hablar abiertamente de estos temas, asi como no es permitido desechar en el basurero de sus viviendas estos productos. Pasan esos días escondiéndose y arriesgando su salud al no tener productos higiénicos óptimos que garanticen una menstruación saludable.

Nepal: 

Uno de los ejemplos más terribles del sufrimiento de las mujeres durante los días de la menstruación lo encontramos en Nepal. Más en concreto, en las áreas rurales del oeste del país, donde las mujeres son aisladas durante los días de su periodo. Se les suele enviar a cabañas o ‘habitaciones oscuras’, en las que no cuentan apenas con condiciones sanitarias adecuadas, no tienen ningún contacto humano y tienen poca protección de los elementos externos. Pese a que esta práctica fue prohibida hace más de diez años, la realidad es que se sigue realizando.

Tanzania y Bangladesh: 

Las supersticiones son, en ocasiones, las peores enemigas de la mujer mientras está menstruando. En Tanzania, por ejemplo, se cree que la persona que vea sangre menstrual quedará maldita, lo que multiplica el tabú alrededor del periodo. En Bangladesh, las mujeres deben enterrar los paños menstruales después de utilizarlos para evitar que atraigan a los malos espíritus.

Bolivia: la sangre puede causar cáncer

El tabú también afecta a otros países, como Bolivia, donde incluso las compresas y otros productos sanitarios no se suelen desechar junto al resto de basura. Según la creencia tradicional, la sangre menstrual puede provocar enfermedades, especialmente cáncer, por lo que las niñas suelen llevarse consigo los productos sanitarios sucios, por este motivo y por la vergüenza que les provoca el simple hecho de estar en esos días.

El primer mundo: 

No solo en los países en vías de desarrollo las mujeres sufren por culpa de sus menstruaciones. Las mujeres que viven en condición de calles se enfrentan, con la regla, a una dificultad añadida al propio hecho de no disponer de un hogar. La ausencia de recursos para adquirir productos para la higiene menstrual, la dificultad de acceso a cuartos de baños y duchas… todo provoca que tengan que luchar contra un estigma añadido, que provoca problemas de higiene y de salud. En Estados Unidos, ya hay leyes que obligan a los albergues a proporcionar toallas y tampones de forma gratuita, para que ninguna mujer tenga que elegir entre su higiene femenina y tener una comida que llevarse a la boca.

Esperamos que esta información sirva para reflexionar acerca de todos los privilegios que tenemos y pasamos por alto, todavía hay mucho por mejorar en este tema que sigue siendo tabú alrededor del globo, pero estamos seguras que con el trabajo que siguen realizando miles de mujeres, esto tiene que cambiar.

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